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EL ESPIRITU DE PACHA

Leo a día de hoy, 19 de Julio de 2019, una entrevista en La Vanguardia a un hombre al que considero mi segundo padre.

https://www.lavanguardia.com/gente/20190718/463530240749/ricardo-urgell-pacha.html

Cada vez que leo alguna de estas entrevistas que, periódicamente publican los medios me doy mas y mas cuenta de la miseria en la que vivimos y lo peor, en lo poco que hacemos por intentar erradicarla.
Vivimos en un mundo de falsos modernos, de carcas incorruptos, de casposos con traje de del siglo XXI cuando el interior es del siglo XV
Habla RICARDO URGELL, en mayúsculas, porque el si se lo merece, de como han cambiado las cosas. Y más que las cosas, las personas. Habla el inventor de la marca PACHA, en mayúsculas, porque se lo merece, del concepto de éxito, de felicidad, de transcendencia, de visibilidad, del porqué de la existencia.
Y cuando comparo a este hombre de más de ochenta años, catalán de Barcelona, descubridor de Sitges cuando Sitges era un erial e inventor de Ibiza cuando Ibiza era un islote desconocido para el mundo, cuando lo comparo, digo, con los “pájaros” que nos ha tocado en suerte (mala-suerte) soportar como gobernantes, empresarios, hacedores del bien y bla, bla, bla, me entra una risa floja que no se como detener.

El hombre que ha inventado la fiesta nocturna en el mundo, si, en el mundo, digo bien, que ha conseguido en menos de 50 años poner su marca en más de cien establecimientos (muchos más) y que se ha bautizado como el “Arquitecto de la noche”, cosa que yo nunca le discutiré habla de una forma transparente, diáfana, sencilla y honesta.
Y nos descubre el verdadero fondo de la persona humana en general. Somos bastante miserables, poco inteligentes, poco honestos y bastante gilipollas.
Ahí es nada. Y somos la raza superior del planeta!!! Pues así nos va.
Habla Ricardo desde su posición de jubilado de lujo. Hace un par de años vendió su imperio a un grupo empresarial por 300 millones de euros. Ahí queda la cosa. Y que conste que a Ricardo, los 300 millones que le han dado por sus negocios, se los ha ganado. Nada de puertas giratorias, nada de consejos de administración, nada de prevaricaciones y chanchullos.

Y eso, a pesar de la cantidad inconmensurable de trabas, problemas, sanciones y multas que a lo largo de lo años le han ido imponiendo a que no saben quien? efectivamente!!! bingo!!!! los políticos de turno. Los grandes e inteligentes políticos que los grandes e inteligentes españoles hemos ido votando, sin conocer ni de que pie calzan, ni que desodorante usan, ni que idioma hablan en la intimidad.

Dentro de muchos años, en los libros de historia, esta banda de politicuchos que hace unos decenios nos ha invadido, no serán más que un mero parrafo de referencia.
Alguien duda que en treinta años, un tal Rivera, un Sanchez, un Casado, Un iglesias, no serán más que un mero párrafo de referencia?
Pues eso.
En contrapartida, no dudo que, cuando se estudie el sistema de ocio del siglo XX, de como se invento la fiesta nocturna, de como la música amansó a las fieras, de como el Flower Power se apoderó de las mentes mas abiertas, Ricardo Urgell figurará con letras brillantes en un apartado especial.
Porque a lo largo de la historia, los pocos que han tenido algo que ver con la evolución, Einstein fue un físico de Nobel, Newton , sus matemáticas y su física, Darwin y su teoría de la evolución de las especies, forman un grupo de núcleo duro que nos ha hecho mucho bien. En ese grupo, y sin rubor, yo incluiría a Urgell, inventor de la fiesta nocturna, de la felicidad del ser, del vive y se feliz.
Sonará a extraño, pero veo más a este hombre en este grupo que a ninguno de los que ahora gobierna el mundo. Serios, tristes, con mucha mala baba, amargados de haber nacido y con muchas ganas de aparentar. Y de jorobar al prójimo, también.
Al final de todo, la intuición, la visión de la felicidad y el intentar hacer un mundo mejor a partir de la música y el ocio son una forma muy sana de enfocar la vida.
Leída la entrevista de La Vanguardia, me gustaría saber si el que realmente tiene más de ochenta años es el inventor de Pachá y sus cerezas o la miseria que nos ha tocado como gobernantes.
A ver si va a resultar que el niño es Ricardo, y los “modernos” de hoy están más caducados que una sopa de sobre de 1967…

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SOMOS TONTOS, SIMON. Y NO TENEMOS SOLUCION.

Hace no muchos años, menos de cincuenta, no era extraño ver en televisión anuncios de tabaco. Winston, Marlboro o Lucky Strike eran “comerciales” con los que todos los hombres de pelo en pecho, y muchas mujeres también, se sentían identificad@s. El tabaco molaba. 

Con el tiempo se descubrió que además de molar, también podía matar. Pero claro, como todo en la vida, lo de matar era matizable. La cantidad consumida, la calidad del tabaco, la ingesta del humo resultante y otros factores incidían muy mucho en la afectación.  Fuera como fuese, la presión sobre las grandes compañías fue creciendo hasta llegar a hoy en día, donde el consumo de cigarrillos y de cigarros puros a disminuido una barbaridad.

Y la publicidad ha desaparecido absolutamente, además de incluir, en los envases de estos productos, imágenes y frases que nos recuerdan las enfermedades que puede producir su consumo.

Pero…ah! amigos…como muchas otras cosas de nuestra vida cotidiana…nos vienen una serie de preguntas a la cabeza…

Perjudica más el consumo de un par o tres de cigarros puros al mes o las más de 20.000 veces que respiramos cada día, incluyendo el humo de los coches, camiones, transatlánticos turísticos, industrias, aviones, y cacharros diabólicos?

Perjudica más el consumo de un par o tres de cigarros puros al mes que consumir una docena de salchichas de frankfurt, un montón de hamburguesas procesadas o un puñado de sobres de fiambre de color sospechosamente rosado?

Ahí está el kit de la cuestión. La cantidad de edulcorantes, espesantes, acidulantes, antioxidantes, conservantes y doscientas cosas mas que acaban en “antes” que contienen todos esos alimentos procesados nos perjudican más o menos que un par o tres de cigarros puros al mes?

Y además, con un agravante. Si todos estos productos comestibles es sabido que contienen ingredientes químicos y procesados que con mucha probabilidad pueden afectar nuestra salud…porque dejan anunciarlos en televisión y al tabaco no?

Entendería perfectamente que si nuestra alimentación estuviera solo basada en productos naturales, pollo de granja, brócoli sin insecticidas, huevos de gallina en libertad, agua de manantial y fruta sin tratamiento alguno, nos dieran caña a tope con el tema.

Pero modestamente, no creo que sea este el caso. Compramos patatas fritas tratadas químicamente con sabor a jamón de jabugo o berberecho químico. Compramos bollería industrial elaborada con aceites de palma y coco, refinados y ultra procesados.

Compramos jamón de york que ni es jamón ni es de york. Compramos precocinados con los suficientes conservantes para que se pasen una semana en la nevera y se mantengan con el mismo aspecto sospechoso.

Compramos pan de molde, blanco como la nieve tratado con componentes químicos que lo hacen mantenerse inalterable el tiempo que haga falta en la alacena. Nos zampamos pizzas que de pizza solo tienen la forma y la etiqueta.

La pregunta es…todo eso, aunque sea poquito a poco…no nos mata también?

Esta comprobado que todo lo que entra en nuestro cuerpo en grandes cantidades puede afectarnos negativamente. Si nos comemos cada día media docena de perritos calientes y otro tanto de hamburguesas con patatas fritas durante toda nuestra vida, seguramente esta será mucho más corta.

Con las mismas, si nos fumamos media docena de cigarros puros cada día, seguramente nuestros pulmones, lengua y paladar estarán al limite del colapso en poco tiempo.

Pero las cosas, en su justa medida, nos afectarán exactamente, en su justa medida. Un par o tres de cigarros puros al mes, dos perritos calientes a la semana, una pizza de las encargadas cada quincena o una bolsa de patatas fritas con sabor a rábano chino una vez al mes o una tarrina de helado con sabor químico a macadamia, seguramente nos afectan más o menos lo mismo.

La diferencia está en que a la hora de fumar, la cosa parece lo peor del mundo. Pero a la hora de comer toda esa porquería que, además nos anuncian en televisión, todo está controlado. Y vamos, y nos lo creemos. Evidentemente, ahí alguna cosa falla.

Lo dicho…somos tontos, Simón, y no tenemos solución.

 

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LOS QUE NOS VENDEN QUE SABEN DE VINOS

Mola mucho ser un gran catador o un experto Sommelier. Explicar cómo es un vino, recomendar cuál es el mejor o el más adecuado se ha convertido en una pseudo-profesión que mola.

Pero en este campo, amigos, es en uno de los que hay más hay por liebre del mundo mundial.

Porque debemos entender que es muy difícil concretar, apreciar, discernir entre el bien y el mal, lo real y lo fake, lo de botella y lo de brick, lo glamouroso y lo básico.

Cuántos gurús de la cosa estarían dispuestos a una cata a ciegas?

Es tan grande el peligro que muchos de ellos se quedan por el camino, entre frases, clases magistrales y verborrea sin sentido.

Pero es cierto que un pequeño porcentaje de la sociedad está tocada por el halo divino de una nariz mágica. Paradójicamente, estos privilegiados son los que menos ostentan.

Son sencillos, humildes, y tienden a intentar explicar de una forma didáctica lo que esconde el mágico mundo de un buen vino o un buen cava.

Cuántos “visionarios” de la cosa han acabado haciendo el ridículo en una cata a ciegas confundiendo un vino de 200 euros botella con un brick de lineal de supermercado?

Cuántos iluminatti han diferenciado las calidades de dos productos cuando en realidad eran el mismo, camuflados en envoltorios de engaño?

Más de tres cuartas partes de todo este mundo mágico está concentrado en las percepciones a las que a menudo nuestro cerebro nos lleva. Nuestro cerebro… Ese gran desconocido que almacena sensaciones, momentos, circunstancias y vivencias.

Si nuestro gran momento de felicidad en la vida ha estado asociado a un brick de don Simón… Alguien nos puede garantizar que, para nosotros, ese no será el mejor vino del mundo cada vez que lo bebamos?

A lo mejor, es momento de desmitificar un poco.

A lo mejor, no hay ningún vino que pueda valer más de 25€

A lo mejor, estamos un poco… Bueno, eso, un poco…

 

 

 

 

 

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EL DIA EN EL QUE DESCUBRI QUE EL POLLO NO ES UN PLATO DE SEGUNDA.

Andan los tiempos alterados con la cosa del pijerio a la hora de comer. Nos hemos convertido en unos extraños seres que viven a partir de enviar fotos de lo que presuntamente comen y comentar cómo excelente lo más extraño que nos llegue a la boca. 

Y eso, de bueno, pues más bien poco.

El pollo ha pasado a ser el hermanito pobre del asunto carníco. Y tiene su explicación. Sencillamente la explicación es que, el pollo nos gusta tan poco porque lo que comemos, solo tiene de pollo el nombre.

Animalitos con dos patas, dos alas y una cresta que crecen en pocas semanas al calor de unas bombillas que les engañan, que les dan calorcito y que les ayudan a comer más y más deprisa. 

Un poquito de química en el pienso y un poquito de inyección líquida a la hora de sacrificarlos para que , visualmente se vean más rollizos y apetecibles hacen el resto.

A partir de ahí, solo queda que nosotros, los imbéciles natos compremos ESE producto más parecido al porexpan que a otra cosa y después de cocinarlo sin criterio nos lo zampemos con el acompañamiento de una ensalada iceberg, otra indignidad de la naturaleza.

La pregunta es de cajón… Después de todo esto… Cómo podemos decir que nos gusta el pollo?

Y un día vas, y por casualidad o no, que yo en las casualidades creo poco, te plantas en un restaurante de Sitges de nombre KOMOKIERAS y ves que en el menú te ofrecen “Pollo de corral deshuesado con mostaza”

Y cómo vas distraído, hace calor, y la cervecita del entrante te ha sentado de maravilla, aunque dudas, vas, y pides el pollo.

Ah!!!! Amigo… Ahí le has dado. 

Cuando te llega a la mesa el pollo, lo pruebas, y descubres  lo que es en verdad ese animal, guisado en condiciones, con origen en cercanías, puesto en la brasa y las manos de un cocinero de verdad, se te viene el mundo encima.

Vamos, el pollo elevado a la máxima potencia.

Y ahora ya lo tengo claro. NUNCA más voy a comer pollo si no voy a KOMOKIERAS a comerlo. 

Porque al final, para descubrir si un restaurante es bueno, buenísimo o sublime solo se trata de pedir una ensalada, unas patatas fritas y un pollo a la brasa. Con eso sabes, perfectamente, donde te has metido.

No hace falta buscar las estrellas. De imbéciles el mundo va lleno.

KOMOKIERAS. Sitges. La cosa del comer, a otro nivel.

 

 

 

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NUESTRO CUERPO, ESE CONTENEDOR DE BASURAS.

Hace ya muchos millones de años, el ser humano, por exceso o por defecto, comenzó una extraña carrera. La carrera de aumentar sin fin su inteligencia y a la vez y paralelamente, la de conseguir con su estupidez, que su envoltorio físico, su cuerpo, se convierta poco a poco en un saco de estiércol.

Es cierto que hemos conseguido en la ultima parte del pasado milenio, multiplicar por tres la expectativa de vida. Antes, morir a los treinta entraba en una aparente normalidad. Ahora, vivir mas de ochenta entra en una lógica aplastante.

Pero no nos equivoquemos. Vivimos más porque hemos inventado más. No vivimos más por que nos cuidemos más. Ojito.

La medicina ha evolucionado, los productos químicos aplicados al cuerpo humano han corregido enfermedades y defectos, las prótesis nos han convertido en pequeños terminators, la electrónica nos ha obligado a crear palabras impensables hace pocos años…somos, en algunos casos, organismos cibernéticos, ciborgs en potencia.

Pero en cambio, en las cosas del comer, en la alimentación, un asunto básico para la supervivencia de la especie, nos hemos convertido en basureros con patas. que ironía.

Queremos ser inmortales y una de las cosas que nos puede matar es lo que comemos para vivir más tiempo. Si eso no es ser un estúpido…

Hace ya años largos que empezamos a comer basura. Los inventos aplicados a los alimentos han conseguido poner al alcance de muchos productos que antes duraban poco. Los inventos aplicados a la producción de alimentos  han conseguido que dispongamos de productos de temporada prácticamente los trescientos sesenta y cinco días del año. Pero…a costa de que?

Los transgénicos, los procesados, los aditivos, los correctivos, los alimentos producidos industrialmente nos han llevado a ingerir diariamente, muchas veces prácticamente sin saberlo, y otras ignorándolo por estúpidos, cantidades ilógicas de substancias poco o nada compatibles con un buen funcionamiento del cuerpo humano.

Y no vale decir que el consumo máximo de plomo , y esto solo es un ejemplo al azar, debe ser de 0,68 µg/kg de peso corporal al día.

Esto no nos sirve de nada si no sabemos cuanto plomo hay en los alimentos que consumimos habitualmente, en el pescado, en la carne, en los procesados,  teniendo en cuenta que productos cotidianos ya contienen ese metal, aunque en proporciones infinitesimales que nos dicen, no nos va a afectar para nada. Pues vale, si me lo dicen, ya estoy más tranquilo.

La tranquilidad que me produce saber que cosas como las patatas, el pan de molde y el agua del grifo contienen este metal, eso si, como decíamos antes, en proporciones nano microscópicas, pero que yo, hasta el día de hoy, desconocía.

Las vacas comían hierba. Que natural, que sano, que fantástico. Pero ahora, les puedo asegurar, que la mayoría de las vacas de las que comemos su carne y bebemos su leche comen pienso. Pienso procesado. Incluso las que comen hierba…como está esa hierba a nivel de plaguicidas, fungicidas, productos químicos añadidos? Alguien me lo puede responder?

Y eso solo es un ejemplo. Nos horrorizaríamos si supiéramos el indice de metales pesados que contienen algunos de los peces que consumimos diariamente. Pero de una forma implacable oiremos la canción … el limite de consumo de materiales pesados en una persona adulta de 75 kg de peso medio nunca es superado por comerse una lubina cada día. Pues vale, si me lo dicen, ya estoy más tranquilo.

Y eso es solo la punta del iceberg. A poco que rascamos la primera capa de roña aparece más y más mierda, y perdonen la expresión. Por eso mi indignación a la hora de escribir este articulo, que creo no será el ultimo. Porque a cada día que pasa me quedo más estupefacto.

Entretanto, en nuestros barrios proliferan cada día más contenedores de todos los colores…el azul para el papel y cartón, el blanco para residuos médicos, el amarillo para plásticos y latas, el verde para el cristal, el marrón para orgánico, el gris para lo que nos hace dudar…

Y yo me pregunto… de que color deberíamos ir pintados nosotros…?

 

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DE COMO, SIN DARNOS APENAS CUENTA, NOS COMEMOS PARENTESIS, LETRAS Y NUMEROS

Desde el principio de los tiempos, la forma en la que el ser humano se a alimentado siempre ha ido evolucionando a la par que nosotros mismos. No hace mas de seiscientos años, la esperanza de vida era de una tercera parte de la actual. La gente moría mayormente joven por un pequeño puñado de motivos…las guerras, el hambre y las epidemias. Que no era poco.

En la actualidad, estas circunstancias, todo y que siguen vigentes, no afectan al incremento de la población mundial. Porque? Un matemático nos vendría a decir que el resultado de “el doble de algo” no es siempre el mismo. No es lo mismo el doble de dos que de veintidós. Y hoy en día, somos muchos miles de millones en el planeta. Para ser aproximadamente exactos, a día de hoy, 24 de abril de 2019 venimos a ser, cabeza arriba, cabeza abajo, unos 7.565.000.000 …

Si, eso es, más de siete mil quinientos millones.

Pero todo eso de aumentar el promedio de vida en el ser humano es, como decíamos hace un momento, relativamente nuevo. Cuando empezamos a cultivar, a pastorear rebaños y a, más o menos, controlar lo que vamos a comer sin tanto estrés como cuando teníamos que cazar, recolectar y buscarnos la vida, empiezan a cambiar cosas.

Pero el cambio radical es cuando empezamos a elaborar cosas para comer, y para nuestra mayor comodidad, se nos ocurre guardarlas. Hacer crecer nuestra despensa. En un principio, las despensas eran muy básicas…sal, agua, cereales, carne o pescado seco…

Pero eso se va complicando cuando, para intentar que nuestras reservas duren más, para incrementar nuestras despensas. Nos lanzamos a la búsqueda de elementos que, de una forma u otra, nos ayuden a conservar los alimentos por más tiempo. Y la sal, el humo, las latas, se nos hacen limitados. Queremos más.

Y es aquí, cuando empezamos a vivir peligrosamente, básicamente porque empezamos a comer cosas peligrosas. Empezamos a añadirle aditivos a las cosas básicas de comer. Empezamos a procesar los alimentos, o lo que viene a ser lo mismo, empezamos a cavar nuestra propia tumba.

Nitritos y nitratos, sulfitos, benzoatos, colorantes artificiales, sorbatos, potenciadores de sabor, correctores de acidez, emulsionantes, fosfatos, espesantes, edulcorantes…y empezamos a comernos, sin darnos cuenta, paréntesis y números en cantidad industrial…(E-249, E-250, E-251, E-252, E-211, E-210, E-213, E-212, E-300, E-201, E-202, E-203, E-220, E-221, E-223, E-224, E-468, E-469, E-433, E-951, E-950, E-339, E-954, E-955, E-967, E-968) …son solo algunas de las substancias, en su mayoría químicas, que día tras día vamos introduciendo en nuestro cuerpo.

Si, nuestro promedio de vida ha aumentado, somos más en el planeta, pero también es cierto que, enfermedades que nos llevan al otro barrio que ahora son cotidianas y ya aceptamos como parte de nuestra cuota de existencia, no existían antes de que los alimentos comenzaran a procesarse. Como no existían muchas enfermedades que diezmaron civilizaciones cuando los grandes descubridores europeos fueron a “colonizar” nuevos mundos.

Cosas como la presión arterial alta, la obesidad, la diabetes, el cáncer en muchas de sus facetas, las alergias a según que tipos de componentes alimenticios, al gluten, etc. no existían hace medio siglo. Aparecieron cuando empezamos a añadir, a procesar los alimentos. 

Tiene sentido alterar el color de un alimento para que parezca más atractivo a los ojos, espesar un liquido para que su consistencia sea más agradable a nuestro paladar, potenciar el sabor de un vegetal, corregir la acidez de una salsa?

Yo creo que no. La malo, es que muchos de nosotros, jamás miramos la trasera de un envoltorio alimenticio en busca de todos esos aditivos. Sencillamente, los ignoramos y nos los comemos. Nos comemos los paréntesis, las letras y los números de todos esos aditivos artificiales. No se de que nos quejamos. 

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COMER EN RESTAURANTES DE SITGES...BUENO,BONITO Y BARATO???

Si nos vamos directamente a las tres preguntas de la cabecera o titulo, seguramente con la que menos problemas tendremos será con la de bonito. A pesar de muchas circunstancias, Sitges sigue ofreciendo rincones maravillosos, calles estrechas y no muy abarrotadas, casas singulares, y muchas imágenes de postal que sin duda nos alegraran la vista y el corazón. En cuando a lo de comer en Sitges BUENO…pues bueno, ahí entramos ya en un punto ligeramente complicadillo. No voy a decir que en Sitges se come mal en general, eso tampoco, pero si es cierto que el listón no está muy alto. Un buen porcentaje de restaurantes siguen ofreciendo productos de calidad, de proximidad, (ahora esto está muy de moda) pero eso si, elaborados como toda la vida. Una paella es una paella, una fideuá es una fideuá y un arroz caldoso, pues eso, sigue siendo un arroz caldoso. Ahí puede estar uno de los problemas de la cosa. Un plato puede estar bueno, contener unos ingredientes de calidad, bla, bla, bla, pero (y eso siempre desde mi punto de vista), si no emociona, si no hay emoción, si algo no se te mueve por dentro de vez en cuando, pues mal asunto. Además, de unos años para acá, en Sitges han proliferado muchos restaurantes, bares y lugares donde se da de comer, de los conocidos como fast food. Pizzerias, restaurantes chinos, chinos reconvertidos a japonés, pakistanies…

La cosa de pertenecer a un mundo globalizado tiene estas pequeñas (o grandes, según como se mire) desventajas. Y la proliferación de tantos establecimientos de este tipo hace, naturalmente, que el promedio de las calidades globales del sector pues baje unos puntos.

El entorno más cercano ha espabilado mucho en los últimos años, la oferta ha mejorado mucho, y en definitiva, el mundo, y también el gastronómico está en un proceso de cambio absoluto. 

Y antes de acabar, pues vamos al asunto que también duele…BARATO?

Creo que hace tiempo que comer en Sitges dejó de ser barato. Hoy, por lo mismo, en una zona de playa a no más de 25 minutos en coche, podemos encontrar la misma oferta un mínimo de un 25% más barata y en muchos casos, con un servicio más simpático, más profesional y más agradecido. 

No se como acabará la cosa amigos, pero pinta que no acabará bien a menos que los que pueden hacerlo, recobren su dignidad, profesionalidad y saber hacer. Porque estamos seguros que con un poco de buena voluntad por cada una y todas las partes, las cosas pueden mejorar sensiblemente. Y solo es la opinión de un observador que lleva más de 30 años viviendo en este lugar.

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YA NADA VOLVERA A SER IGUAL

Casi todos sabemos que los tiempos han cambiado. Y siguen cambiando a cada dia que pasa. Mas y más rápido. Y el mundo de la gastronomía forma parte de este TODO cambiante. Y hay que saber acomodarse al siglo, a los cambios, a las necesidades de las nuevas modas, a las tendencias. A todo ello. Ya no se puede vivir de nombres, de etiquetas, de viejas recetas de la abuela (aunque no deban perderse, no deben ser el grueso de la oferta). Y en muchas poblaciones de nuestro país, algunos, bastantes, muchos, aun no se han enterado. Si a eso le sumamos la ineptitud (por ser suaves) de nuestros dirigentes políticos a la hora de generar posibilidades en lugar de crear conflictos con los Gremios de Hostelería y Asociaciones de Restaurantes, llegamos al fondo de la miseria.

Sitges, bonita (aún) población del Mediterráneo, ubicada muy cerquita de Barcelona, (a lo mejor por eso se ha contagiado), es uno de estos pueblos que está dilapidando todo su prestigio (y el gastronómico es uno de los principales) a marchas forzadas. La calidad media del grueso de sus establecimientos esta bajando de una forma estrepitosa a cada dia que pasa. Entre las viejas glorias del siglo pasado que no han sabido ponerse al día y los cada vez mas habituales establecimientos de paella y fideua a porrillo, nos encontramos con un vacío culinario que da miedo. En estos momentos, y salvo honrosas excepciones, que pueden contarse con los dedos de las manos, y por algunas aportaciones de pequeños restaurantes con gente bastante joven a los fogones y con un promedio de cinco años de experiencia que están aportando nuevas sensaciones, el resto está en la UVI y con pocas posibilidades. Sea por el desgaste de los de toda la vida, sea por las trabas burocráticas, sea por las pocas facilidades y comprensión por parte de los consistorios, sea por la degradación del publico medio que acude al pueblo, sea por el cambio climático, Sitges ya es la sombra de aquello que fue. Los autóctonos del lugar cada día se sienten mas extraños en su localidad y parece que a nadie le importa eso. En definitiva, hoy, otoño de 2018, nos cuesta comer bien en Sitges. Cada dia son menos los que con dignidad, calidad y sin sablear nos ofrecen aquella gastronomía que nos hace brillar los ojos, salivar de forma automática y notar aquella sensación de felicidad tan difícil de explicar cuando ocurre, pero cada vez más dificil de recordar por las pocas veces que nos ocurre. Sitges, ya nada volverá a ser igual.

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